La noche del 14 de febrero, Quito vivió una escena distinta en el corazón de su Centro Histórico. El Teatro Nacional Sucre, uno de los íconos patrimoniales más representativos de la ciudad, se convirtió en el lienzo de una intervención de video mapping que transformó su arquitectura en una experiencia colectiva abierta al público. Durante siete minutos, la fachada histórica se llenó de luz, movimiento y color.
Más de 500 personas se congregaron frente al teatro para presenciar el espectáculo. Familias, parejas y transeúntes ocasionales se detuvieron a observar cómo el edificio se teñía de magenta, proyectando corazones, notas musicales y transiciones visuales que dialogaban con su estructura clásica. La escena convirtió el espacio en un punto de encuentro ciudadano, donde la cultura se vivió al aire libre.
El impacto fue inmediato. Muchos asistentes levantaron sus teléfonos para registrar el momento; otros simplemente contemplaban en silencio la transformación del ícono arquitectónico. El Centro Histórico adquirió una atmósfera distinta, contemporánea, sin perder su identidad patrimonial. La intervención logró integrar arte, arquitectura y tecnología en un solo lenguaje visual.

En una fecha cargada de significado como el 14 de febrero, la propuesta añadió una capa simbólica adicional. Más allá de la celebración tradicional de San Valentín, la ciudad fue protagonista de una experiencia que conectó desde lo colectivo. La iluminación magenta no solo envolvió al teatro, también redefinió el paisaje urbano por unos minutos, proyectando una nueva postal nocturna de Quito.
La activación formó parte de la campaña “El Banco del Año es Magenta”, concepto que acompañó la experiencia y reforzó la presencia de Banco Guayaquil en la capital desde un enfoque cultural y ciudadano. La institución financiera ecuatoriana, con fuerte presencia nacional y una visión basada en innovación y cercanía, apostó por una intervención que conectara con la ciudad desde la emoción compartida.

Banco Guayaquil ha construido su identidad alrededor de experiencias que buscan generar vínculos reales con las personas. En esta ocasión, el uso del color magenta como símbolo visual permitió articular un mensaje que integró tecnología, patrimonio y comunidad. La elección del Teatro Nacional Sucre, emblema cultural de Quito, aportó un componente simbólico que amplificó el impacto de la noche.
Las imágenes del teatro iluminado, el público reunido y el Centro Histórico teñido de magenta dejaron una huella en quienes estuvieron presentes. La experiencia demostró que los espacios históricos pueden dialogar con nuevas formas de expresión artística, generando recordación y sentido de pertenencia.
Al final, la ciudad recuperó su ritmo habitual, pero la postal quedó instalada en la memoria colectiva. Una intervención breve, de siete minutos, fue suficiente para transformar la noche y recordar que Quito también puede narrarse a través de la luz. El mensaje se proyectó con claridad: Quito es Magenta.
