BYD se ha consolidado como uno de los actores más influyentes de la movilidad eléctrica a nivel mundial. La compañía china no solo lidera la venta global de vehículos eléctricos y electrificados, sino que también marca el ritmo de una industria que avanza hacia la descarbonización, la eficiencia y la innovación tecnológica. Presente en más de 70 países y con operaciones que van desde autos hasta soluciones de transporte público y almacenamiento de energía, BYD representa hoy un modelo de negocio integrado y de largo plazo.
En Ecuador, esa visión comienza a tomar forma de la mano de Andor Corp., empresa que representa a BYD en el país, con una estrategia que apunta más allá de la venta de vehículos: educar al mercado, generar confianza y construir infraestructura para una adopción sostenible. En esta entrevista CEO a CEO, Simón Pérez, gerente general de Andor Corp., comparte su historia personal, su visión de negocio y las claves detrás del crecimiento acelerado de BYD en Ecuador.
¿Quién es Simón Pérez más allá del cargo de gerente general de BYD?
—Soy, ante todo, papá de dos niños. Esa es la parte más importante de mi vida. Tengo una esposa increíble, una mujer muy especial, gran mamá y gran compañera, que además desarrolló su propia marca de cuidado personal. Soy el menor de cuatro hermanos y el único hombre, con tres hermanas mayores que me enseñaron muchísimo sobre empatía, sensibilidad y preocupación genuina por los demás. Mis padres me inculcaron valores muy claros: perseverancia, respeto y la capacidad de relacionarte de forma positiva con todas las personas. Esa forma de ver al ser humano ha marcado profundamente mi manera de liderar.
¿Cómo se refleja esa formación personal en tu carrera profesional?
— Totalmente. Yo estudié Administración de Empresas y Marketing, pero siempre tuve un impulso emprendedor muy marcado. Mi primer negocio fue bastante simple, pero muy revelador: compraba productos que la gente tenía guardados en bodegas —televisores, camas, electrodomésticos— y los vendía a personas con menor capacidad de compra. Ahí entendí el valor de crear soluciones donde todos ganan. Luego entré a otra empresa internacional, donde hice carrera durante diez años. Fue una escuela durísima, pero extraordinaria. Aprendí a pensar diferente, a buscar soluciones cuando todo parece estar en contra y a liderar equipos grandes siendo muy joven.

Incluso tuviste experiencia laboral fuera del país...
— Sí, viví y trabajé en Trinidad y Tobago. Fue una etapa muy enriquecedora. Trabajar en el Caribe te obliga a entender otros ritmos, otras culturas y a desarrollar mucha paciencia, algo que no era precisamente mi mayor virtud. Luego cerré esa etapa y emprendí en ‘retail’ con un modelo de franquicias. Más tarde asumí la gerencia general de República del Cacao, justo en plena pandemia, probablemente uno de los momentos más desafiantes que me ha tocado vivir a nivel profesional.
¿Qué aprendizajes te dejó liderar en un contexto tan complejo?
—Aprendí a gestionar crisis, a priorizar, a comunicar con transparencia y a sostener equipos en momentos de mucha incertidumbre. Fue una experiencia gerencial muy potente. Después de eso, el grupo Andor se acercó a mí. Al inicio solo querían conocer perfiles y meses después me ofrecieron la gerencia general de Andor Corp., que tiene la representación de BYD en Ecuador. Y así comenzó esta nueva etapa.
Yo no vengo del mundo automotriz y no soy un experto técnico en autos. Pero lejos de verlo como una desventaja, lo asumí como un reto. Me gusta aprender rápido, cuestionar y entender los modelos de negocio desde cero. Lo primero que me llamó la atención de BYD fue que es una marca que rompe esquemas. Además, tiene un propósito muy potente: la movilidad eléctrica como una herramienta para mejorar el medio ambiente, pero también la economía de las personas.
“BYD no solo vende autos eléctricos, impulsa una movilidad más eficiente, limpia y accesible”
— Simón Pérez, Gerente General de Andor Corp.
¿Cómo se traduce ese propósito en el día a día del consumidor?
—De forma muy concreta. Un auto eléctrico genera ahorros significativos frente a la gasolina, el mantenimiento, los impuestos y las matrículas. Ese dinero que ya no se gasta queda disponible para otras cosas: educación, salud, viajes o ahorro. A nivel social, el impacto es enorme. Por ejemplo, una unidad de taxi carga todos los días de 0 a 100% su auto, la batería de su vehículo le durará cerca de 13 años aproximadamente, ya que la batería ofrece 5000 ciclos de carga (cada ciclo corresponde a una carga de 0 a 100%). Si multiplicas ese beneficio a los miles de taxistas que existen en el país, estás hablando de cientos de millones de dólares que dejan de ir a combustible y pasan a mover otros sectores de la economía.
¿Cómo este propósito genera confianza en el producto?
—La confianza es el activo más poderoso que existe y eso lo sabemos como marca. Si no generas confianza, no vendes. Desde que llegué a Andor Corp. trabajamos mucho en construir una cultura basada en la honestidad. Prefiero decirle a un cliente que no compre un auto eléctrico si no es adecuado para su necesidad actual, antes que vender por vender. Eso construye relaciones de largo plazo.
Ha pasado que recibimos el auto de vuelta cuando algo no fue bien explicado. Perdemos en el corto plazo, pero ganamos credibilidad. Esa persona se convierte en un embajador de la marca. El boca a boca es, sin duda, nuestra herramienta más poderosa.

¿En el enfoque que manejas te ha favorecido que BYD se esté posicionado entre los primeros lugares del mercado de autos eléctricos en Ecuador o cuál es la clave?
—Nosotros solo vendemos eléctricos e híbridos, lo que obliga a capacitar al equipo de ventas de una forma distinta. Vender un auto eléctrico implica entender energía, consumo, hábitos de conducción. No es lo mismo que vender un auto de combustión. Además, hemos invertido mucho en marketing y en posicionamiento. De ahí nace el mensaje que hoy nos identifica: si es eléctrico, es BYD.
¿Ese slogan ya es casi sinónimo de la categoría?
—Esa era la idea. Queríamos que, cuando alguien piense en un auto eléctrico, piense automáticamente en BYD. Eso no se logra solo con publicidad, sino con producto, experiencia y coherencia.
La movilidad eléctrica, en Ecuador, crecerá con un ecosistema compartido, infraestructura, confianza y trabajo en conjunto.
— Simón Pérez, Gerente General Andor Corp.
¿Cómo manejan las principales dudas del consumidor: autonomía, carga, reventa?
—Son dudas absolutamente normales y, de hecho, muy similares a las que existen con un auto a gasolina. La autonomía, por ejemplo, depende mucho del estilo de manejo: no consume lo mismo alguien que acelera de forma agresiva que quien conduce de manera eficiente. En los autos eléctricos ocurre lo mismo, con la diferencia de que cuentan con sistemas de regeneración de energía que permiten recargar la batería mientras el vehículo frena o desciende, algo que no sucede en un auto tradicional. Además, al tener menos piezas mecánicas, el desgaste es significativamente menor: una persona podría ahorrar un 80% de lo que gasta en gasolina y un 40% a 60% de lo que gasta en mantenimientos, ya que se requiere de una revisión cada 20.000 km.
En cuanto a la batería, hay muchos mitos. Un taxista que carga todos los días puede tener una batería con vida útil de más de 10 o 13 años; en el caso de un usuario particular, ese tiempo puede extenderse por varias décadas. Esto cambia por completo el concepto del vehículo: el auto deja de verse como un bien que se desgasta rápidamente y pasa a ser una plataforma duradera, una carcasa tecnológica a la que, llegado el momento, se le renueva la batería. Es una lógica distinta de consumo, que aún estamos aprendiendo como mercado, pero que tiene enormes ventajas a largo plazo.
¿Y la infraestructura de carga?
—Va a crecer, pero no es inmediato ni simple. Un cargador rápido puede costar alrededor de 80.000 dólares. Por eso creemos en crear ecosistemas, trabajar en conjunto, apoyar a empresas locales, usar adaptadores y construir una red compartida. Es más lento, pero genera impacto real y sostenible.
Bajo esa perspectiva, ¿cómo ves el futuro de BYD y del mercado eléctrico en Ecuador?
—En 2025 cerramos con cerca de 2.900 unidades vendidas, lo cual representa un crecimiento de más del 240% con respecto al 2024.
En el 2026 estamos proyectando superar las 5.500 unidades y esperamos que la participación del mercado de eléctricos pase de 3% a 7%. Cuando eso ocurra, el crecimiento será exponencial. La movilidad eléctrica no es una moda; es una transición inevitable.
Para cerrar, ¿qué te motiva personalmente a liderar este proceso?
—Trabajar con propósito. Saber que lo que hacemos tiene impacto económico, social y ambiental. No se trata solo de vender autos, sino de cambiar la forma en la que nos movemos, pensamos y vivimos. Y en ese camino, BYD tiene mucho que aportar.
