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Extraordinaria ola de ecuatorianos busca nueva vida en New York, Estados Unidos

A Mónica Muquinche le tomó tan sólo unos días llegar a New York con su hijo de 10 años desde Ecuador, donde vivían. La joven voló a Ciudad de México, llegó a la frontera sur de Estados Unidos y tan sólo pasó una noche detenida en Texas.

Creo que Dios nos protegió todo el viaje”, dijo la inmigrante de 35 años, cuyo marido desapareció el año pasado en México mientras intentaba llegar al mismo destino.

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Muquinche forma parte de una extraordinaria ola de ecuatorianos que huyen hacia Estados Unidos. Éstos han superado a los salvadoreños como la cuarta mayor nacionalidad que llega a la frontera sur estadounidense de forma irregular, después de los mexicanos, guatemaltecos y hondureños.

Las autoridades estadounidenses también han notado un fuerte aumento en la llegada a la frontera de otras nacionalidades no tradicionales, como la brasileña o la venezolana. Es sorprendente, sin embargo, ver el fuerte salto en la llegada de ecuatorianos debido a que provienen de un país de menos de 18 millones de habitantes. Mientras que es difícil descifrar sus motivos, el impacto económico del COVID-19 y la política migratoria de México explican parcialmente la situación.

La economía de Ecuador sufrió durante años antes de ser devastada por la pandemia. Cientos de miles perdieron empleos de jornada completa y las autoridades dijeron que 70% de negocios cerraron al menos de forma temporal. El pequeño país ha superado ya las 32.000 muertes por COVID-19.

Los ecuatorianos también han aprovechado el hecho de que México no les pedía visa para acceder al territorio, que es como una puerta trasera al sueño americano. Sin embargo, noticias de algunos ecuatorianos desapareciendo en la frontera han hecho que este aumento en llegadas sea más dramático.

Funcionarios de migración estadounidenses pararon a ecuatorianos que llegaron de forma irregular a la frontera sur estadounidense 17.314 veces en julio. Los salvadoreños, que normalmente superan a otros grupos, fueron 12.643. En el sector fronterizo de El Paso, en Texas, los ecuatorianos son ahora la mayor nacionalidad.

México pidió visa a ecuatorianos

El aumento en la llegada de ecuatorianos ha sido notado por México, que anunció este mes que empezaría a exigir visas para los ecuatorianos que entran al país. En 2018 eliminó este requisito para esos nacionales, favoreciendo entonces que muchos volaran directamente a Ciudad de México o Cancún y continuaran su camino hacia la frontera estadounidense por autobús, aseguran activistas y abogados de inmigración.

México suspenderá la supresión de visa en pasaportes ordinarios ecuatorianos como “medida provisional que coadyuva a que nacionales ecuatorianos no sean presa de redes de tráfico ilícito de personas”, indicó el gobierno mexicano recientemente.

“Desde el 2018 hemos visto un aumento exponencial de ecuatorianos que van por la ruta mexicana. Antes iban por la ruta de Centroamérica,” dijo William Murillo, cofundador de la organización de asesoría legal 1800Migrante.com, con oficinas en Nueva York y Ecuador. “Este beneficio migratorio (la supresión del requisito de visa) fuerza el uso de coyoteros mexicanos, que vemos que mienten, engañan a las personas, predecíamos que íbamos a tener muchos muertos, desaparecidos, violaciones”.

Según Murillo, la llegada del presidente estadounidense Joe Biden a la Casa Blanca aumentó las esperanzas de muchos ecuatorianos debido a una retórica más amistosa hacia los inmigrantes que la de su predecesor Donald Trump. Rumores falsos circularon sobre nuevas políticas que dejaban entrar a migrantes por la frontera, dijo el abogado.

Ecuatorianos desaparecidos en la frontera

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador, 54 ecuatorianos han desaparecido en la frontera entre Estados Unidos y México desde inicios de 2019. Diecinueve han desaparecido este año.

Carlos López, el marido de Muquinche, fue uno de los desaparecidos el año pasado. Perdió su empleo como zapatero a finales de 2019. En busca de mejores oportunidades para su familia, cruzó la frontera entre México y Estados Unidos pero fue devuelto a México. Allí, cerca de Ciudad Juárez, socios del “coyote” que había contratado en Ecuador le apuntaron con pistolas, dijo Muquinche. Le acusaban de dar información sobre ellos a agentes fronterizos estadounidenses.

De repente, Muquinche dejó de recibir las llamadas de su marido. Eran principios de abril de 2020 y puso una denuncia en contra del “coyote” que habían contratado. Éste fue detenido pero después liberado, explicó la ecuatoriana. Muquinche se sintió amenazada cuando éste empezó a insistirle en que retirara su denuncia contra él.

Los gastos eran, además, demasiado altos para ella: su sueldo de 180 dólares cada dos semanas haciendo zapatos no le alcazaba para pagar la deuda dejada por su esposo para financiar su viaje a Estados Unidos. “Yo tenía miedo de venir,” dijo. “Ahora lo peor ya pasó. He aprendido a vivir con este dolor”.

Muquinche no usó a un “coyote” para su traslado: viajó a Ciudad de México con su hijo y luego tomó un autobús a Monterrey. Un segundo autobús los llevó a Ciudad Miguel Alemán, en el estado de Tamaulipas, y luego cruzaron el Río Grande en una lancha rápida con otros migrantes. Fueron recibidos por agentes fronterizos estadounidenses al otro lado, dijo. Muquinche y su hijo pasaron una noche en detención y fueron liberados la mañana siguiente.

La ecuatoriana visitó una oficina de las autoridades migratorias en Manhattan recientemente. Los agente de allí se quedaron con su pasaporte.

Muchos de los ecuatorianos que llegan a Nueva York son de la sierra central y sur del país.

Coyotes cobran $15.000 para cruzar la frontera

Tras aterrizar en Mexico, muchos viajan en autobús a Chihuahua, Monterrey, Matamoros o Ciudad Juárez, entre otras ciudades. Un “coyote” cobra una media de 15.000 dólares por persona para cruzar la frontera, dicen activistas e inmigrantes. Si el migrante es secuestrado, su familia deberá pagar más.

Cristian Lupercio, de 21 años, llegó a Ciudad Juárez en noviembre con la intención de cruzar la frontera a Estados Unidos. En Cuenca, Ecuador, conducía un taxi pirata pero la pandemia le dejó sin casi clientes. Desapareció en el desierto después de que su guía se perdió, dijo su padre Claudio Lupercio. La última vez que padre e hijo hablaron fue el Día de Acción de Gracias.

Claudio, un carpintero que vive en Long Island, llamó al consulado ecuatoriano en Texas, a abogados, hospitales y las agencias migratorias, preguntando sobre el paradero de su hijo. Cuando aparecieron noticias sobre su desaparición en Ecuador, hubo gente que le llamó diciendo que sabían donde se encontraba Cristian, pero era una farsa.

“Les pagué 2.500 dólares. Uno como está tan desesperado, cree ¿no?”, dijo Claudio.

Nueva York es el estado donde más ecuatorianos se concentran en Estados Unidos, con más de 241.000 viviendo allí, según datos del Migration Policy Institute. Ligas de fútbol ecuatorianas y restaurantes con nombres como “El sol de Quito” o “El encebollado de Rossy” son comunes en las largas avenidas de Queens o Brooklyn. En el condado de Westchester y en Long Island también hay comunidades ecuatorianas.

Walther Sinche, director de la organización de apoyo a migrantes Alianza Ecuatoriana Internacional en Queens, dice que ha notado el aumento de compatriotas. Sus clases sobre seguridad en el trabajo de construcción solían recibir de 10 a 15 personas pero recientemente vio a unas 50.

“Tienen aquí tres días, una semana, un mes”, dijo Sinche. “Es un éxodo esto”.

Los ecuatorianos también abandonaron su país tras una crisis económica a finales de la década de 1990. Fueron a Estados Unidos, España e Italia.

Más de 88.000 ecuatorianos se fueron de Ecuador a México desde enero a julio. Unos 34.300 regresaron y más de 54.300 no lo hicieron, según datos del gobierno ecuatoriano. En julio, 22.218 ecuatorianos fueron a México. Regresaron 6.564 y 15.654 no lo hicieron.

Portavoces del gobierno ecuatoriano no comentaron sobre la salida de ecuatorianos a Estados Unidos.

En Brooklyn, Muquinche pasa ahora las tardes cocinando, friendo bolón de verde y preparando encebollados en un restaurante ecuatoriano.

“Tengo a mi niño que me necesita”, dice. “Mientras Dios me de vida y salud voy a seguir adelante”.

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