La noche en que se escuchó su nombre frente a miles de quiteños, todo ocurrió como un destello. María Emilia Sánchez, la nueva Reina de San Francisco de Quito, recuerda ese instante como un sueño suspendido en el aire. Las luces del Teatro Bolívar iluminaban a diez candidatas brillantes e iguales en talento y carisma. Pero cuando su nombre resonó, lo primero que sintió fue una gratitud profunda y luminosa: “Fue como un cuento. Vi a mi familia sonreír y supe que ese era el mejor momento de mi vida”, confiesa.
Y así empezó todo. La joven psicóloga, que cree firmemente en el poder transformador de la salud mental, salió del teatro directo a abrazar a sus padres y luego a festejar con quienes han sido su sostén. En su casa la esperaba una sorpresa que parecía sacada de una postal quiteña: banda de pueblo, “El chullita quiteño”, canelazos (sin piquete, por supuesto), risas y una celebración íntima que marcó el inicio de sus propias Fiestas de Quito.

Un proyecto que nace del alma: Mente Libre
Más allá de la banda, los abrazos y la emoción, María Emilia ya piensa en el corazón de su reinado: su proyecto ‘Mente Libre’, una propuesta que combina sus pasiones, su formación y su historia personal.
Cuenta que ella misma descubrió la psicología gracias a un profesional que le cambió la vida. “Ahí entendí la fortaleza que significa pedir ayuda, ir a terapia, normalizar la salud mental”, explica. Ese despertar personal la llevó a estudiar Psicología y, ahora, a poner su vocación al servicio de los niños y niñas de Quito.

Su proyecto busca enfrentar una doble problemática: la salud emocional y la desnutrición crónica infantil. Dos realidades que se cruzan y condicionan el futuro de miles de niños. Su misión es clara: acercar herramientas, entregar insumos nutricionales y trabajar con aliados estratégicos para fortalecer la infancia. “Cuando cuidamos la infancia, cuidamos el futuro de nuestra ciudad”, afirma con convicción.
Un año de servicio sin pausa (pero con fútbol los lunes)
Ser Reina de Quito implica una agenda intensa y un compromiso que ocupa días, noches y fines de semana. María Emilia lo sabe bien. Por eso, aunque su año estará lleno de actividades, no renunciará a lo que le da equilibrio: su familia, su vocación y sus lunes de fútbol a las 20:00. “Es lo que me mantiene sana mentalmente”, cuenta riendo.

Sus dos maestrías, en cambio, quedarán en pausa por un año. Y aunque este tiempo suspenderá temporalmente algunos planes, también abrirá otros: uno de los premios del certamen es una maestría en la Universidad San Francisco de Quito, que espera aprovechar en el futuro.
Por ahora, su propósito es concentrarse en Quito, sus barrios, sus niños, sus fiestas y su gente.
Fiestas de Quito: 40, chivas y tradición
Con la ciudad encendida por el pregón, los desfiles y la energía decembrina, María Emilia se prepara para asumir su rol con alegría. Dice que es buenísima para el 40, que juega desde niña y que está lista para medirse en la tradicional partida con el Alcalde de la ciudad. No importa contra quién: lo importante es ganar… o al menos divertirse.
También espera vivir la Navidad junto a la Fundación Reina de Quito, llevando donaciones y alegría a miles de niños, y terminar el año con un plan de trabajo estructurado para el 2025.
Una corte que acompaña: fuerza, talento y sororidad

Aunque la historia este año tiene a María Emilia como protagonista, a su lado caminan dos mujeres cuyo entusiasmo también ilumina el camino. La virreina Joanne Wells y la señorita confraternidad Daniela Foyain completan una corte que se siente más como una hermandad.

Joanne, con una sonrisa que transmite serenidad, asegura que seguirá impulsando su proyecto de donación de prótesis —un emprendimiento que nació con dos socios y que ahora toma nuevo vuelo con el respaldo de la Fundación Reina de Quito. Su compromiso este año será claro: acompañar a la Reina, asistir a los eventos posibles (aunque su trabajo regular a veces la mantenga ocupada) y contribuir a conseguir fondos para fortalecer el Centro Terapéutico. “Trabajé muchísimo para llegar aquí. Estoy orgullosa. Cuando uno trabaja duro, los sueños sí se cumplen”, afirma.

Daniela, en cambio, irradia alegría pura. Para ella, ser parte de la corte significa servir y continuar los proyectos de la Fundación. “Desde el inicio hicimos click con María Emilia”, recuerda emocionada. Y ese vínculo, cree, permitirá un trabajo hermoso. De las fiestas espera 40, chiva, baile y felicidad. Pero también reconoce algo profundamente humano: el valor de su familia. “Me apoyaron en todo este proceso. Al salir del Teatro Bolívar, solo quería abrazarlos y agradecerles”, comparte.

Tres mujeres, una ciudad y un mismo propósito
La corte de este año tiene algo especial: cada una parece mirar su vida con cariño hacia su niña interior. Joanne le diría a la suya que es fuerte y valiente. Daniela le diría “lo lograste”. Y María Emilia, con un orgullo particular que no le permite dejar de sonreir, responde: “lo lograste, los sueños se cumplen. Gracias por ser tan resiliente y gracias por nunca abandonarme. Gracias, en verdad, lo logramos y vamos por muchos más sueños”, contesta con cariño.
Son tres mujeres distintas, con historias, profesiones y metas diferentes, pero unidas por un mismo propósito: servir a Quito, celebrarlo, abrazarlo y trabajar por su gente.
Y si algo queda claro en esta primera semana de reinado es que la alegría no está reñida con el compromiso. Que se puede jugar 40, subirse a una chiva, estudiar, trabajar, amar y, al mismo tiempo, cambiar vidas.
María Emilia Sánchez tiene un año para intentar hacerlo. Y lo comienza con la sonrisa ancha, la mirada firme y una convicción que contagia: Quito merece que cuidemos a sus niños, que celebremos sus tradiciones y que vivamos su alegría con el corazón abierto.
Y ese es exactamente el regalo que quiere dejarle a su ciudad.

