Un video que se hizo viral este lunes muestra el momento en que dos estudiantes agreden violentamente a una profesora de inglés en una unidad educativa de Panamá. En la grabación —de casi un minuto de duración— se observa cómo las alumnas golpean con manos, patadas y tirones de cabello a la docente, quien queda acorralada en una esquina mientras otros alumnos transitan por el pasillo sin intervenir. La intervención tardía de otro maestro logró separar a las agresoras, aunque no antes de que la agresión escalara.

Este episodio ha reactivado el debate sobre la violencia en las aulas en Panamá, donde estadísticas recientes revelan que el acoso escolar y la agresión física entre estudiantes y hacia docentes siguen siendo una preocupación creciente.
¿Qué dice la cifra de violencia escolar en Panamá?
Según datos recientes citados por organizaciones nacionales, Panamá ocupa uno de los primeros lugares en Centroamérica en casos de bullying y acoso escolar. En 2025, se registraron más de 180 denuncias de violencia escolar en un solo día, lo que refleja un problema estructural en muchos centros educativos.
El ministerio respectivo, Meduca, ha condenado enérgicamente las agresiones contra docentes e informó que investigará los hechos para tomar las sanciones pertinentes.
¿Por qué estos actos son especialmente graves?
- La agresión no solo pone en riesgo físico a la docente, sino que también erosiona la autoridad y el respeto dentro del aula, transformando la escuela en un espacio de temor y normalización de violencia.
- La pasividad del resto de estudiantes, que actúan como testigos sin intervenir, evidencia una cultura de indiferencia o miedo frente al acoso.
- Situaciones como esta pueden desencadenar problemas mayores: trauma psicológico en víctimas, abandono escolar, desconfianza en el sistema educativo y desmotivación del cuerpo docente.
¿Qué medidas piden los expertos y la comunidad educativa?
Diversos sectores exigen al Estado y a las autoridades escolares reforzar los protocolos de seguridad:

- Instalar vigilancia y control en pasillos y espacios comunes.
- Formar y aplicar programas de prevención de violencia y bullying.
- Brindar apoyo psicológico inmediato a víctimas y testigos.
- Sancionar ejemplarmente a agresores y reincidentes, para enviar un mensaje claro sobre tolerancia cero a este tipo de violencia.Organizaciones como la Organización Global de Prevención ante el Bullying advierten que el problema debe tratarse como prioridad nacional.
