Tras 18 días de búsqueda, las autoridades colombianas encontraron ayer el cuerpo sin vida de Valeria Afanador, una niña de 10 años con Síndrome de Down que estaba desaparecida en el municipio de Cajicá, cercano a Bogotá.
PUBLICIDAD
El hallazgo
Luego de semanas de intensa búsqueda, un campesino de la zona rural de Cajicá fue quien encontró el cuerpo de la menor en una zona contigua al río Frío, un afluente que colinda con el Gimnasio Campestre Los Laureles, donde Valeria estudiaba. El hombre alertó a un miembro de la seguridad privada del municipio, quien, tras verificar la situación, se comunicó con las autoridades.
A su vez, se activó el Puesto de Mando Unificado (PMU), el cual había sido instalado para coordinar las labores de búsqueda. El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey Ángel, detalló a Noticias RCN que el cuerpo fue encontrado sumergido en el río.
Ya había sido inspeccionado el lugar
El hallazgo ha generado dudas. El gobernador Rey Ángel reveló que la zona donde se encontró el cuerpo había sido inspeccionada desde el primer día de búsqueda. Esta afirmación, respaldada por quienes participaron en los operativos, sugiere que es “improbable” que el cuerpo hubiera estado en ese lugar desde el inicio de la desaparición. Esta particularidad abre la posibilidad de que el cadáver haya sido trasladado y abandonado en el sitio posteriormente.
La Fiscalía General de la Nación, a través del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), ha asumido el caso para realizar la inspección del cuerpo y las investigaciones pertinentes. La principal incógnita es cómo y por qué la menor llegó a ese punto, si la búsqueda ya se había realizado en el lugar.
- Te puede interesar: Delincuentes armados disparan a dos hombres mientras conversaban en un barrio de Manta
Desmienten rumores de secuestro
La desaparición de Valeria Afanador, de quien la Interpol incluso había emitido una circular amarilla, tomó un giro trágico. Sus padres, Luisa Cárdenas y Manuel Afanador, habían estado en contacto con la prensa desde el primer momento para difundir su historia y pedir ayuda. En sus declaraciones, habían asegurado que, a pesar de los esfuerzos, no había rastro de la niña.
También habían desmentido rumores de secuestro o extorsión, afirmando que no había ninguna evidencia que apuntara en esa dirección. Ahora, con el doloroso hallazgo, la familia y la sociedad colombiana esperan que las autoridades logren resolver este caso y que el crimen no quede en la impunidad.