Hablar de la intimidad en la cama de una pareja es hablar de deseo, rutinas y emociones. Aunque no existe una frecuencia “normal” aplicable a todos, diversos estudios han revelado promedios que ayudan a entender cómo evoluciona la vida sexual en pareja según la etapa de la vida.
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Según datos de la Universidad de Indiana (Kinsey Institute) y el Journal of Sex Research, las parejas entre 18 y 29 años tienen relaciones sexuales un promedio de 112 veces al año, lo que equivale a 2 veces por semana. En el caso de las parejas entre 30 y 39 años, la cifra desciende a 86 veces al año es decir 1,6 veces por semana, y para las de 40 a 49 años, a 69 veces.
La disminución no necesariamente se debe a la falta de deseo, sino a factores como la rutina, el estrés laboral, la crianza de hijos o problemas de salud. Sin embargo, los expertos señalan que la frecuencia no es sinónimo de calidad ni de satisfacción.
Un estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science concluyó que las parejas más felices no son las que tienen más sexo, sino las que lo tienen con regularidad y disfrutan del vínculo emocional. La frecuencia más satisfactoria para muchas parejas es de una vez por semana.
“Aunque tener relaciones sexuales más frecuentes se asocia con una mayor felicidad, esta relación dejó de ser significativa con una frecuencia superior a una vez por semana”, afirmó la investigadora principal, Amy Muise.
“Nuestros hallazgos sugieren que es importante mantener una conexión íntima con la pareja, pero no es necesario tener relaciones sexuales a diario mientras se mantenga esa conexión”.
En el caso de las parejas casadas o de largo plazo, el promedio es más variable, situándose entre 51 y 70 veces al año. Esto implica que incluso una vez cada diez días puede ser saludable si existe intimidad, comunicación y deseo mutuo.
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Al final, más allá de los números, los especialistas coinciden en que lo más importante es que la pareja esté satisfecha con su vida sexual. Compararse con promedios puede generar ansiedad innecesaria.
No se trata de cuánto, sino de cómo y por qué. La intimidad es una construcción personal que se negocia en pareja.