El mundo de la música está reconociendo a figuras como Olivia Dean, Billie Eilish y Chappell Roan como las nuevas caras de una generación que ha encontrado fuerza en la vulnerabilidad y en una narrativa propia.
Son mujeres que no solo ocupan espacios, sino que los transforman al hablar sin filtros sobre sus emociones, contradicciones y experiencias. En un momento en que cada semana surgen nuevas voces femeninas, hay artistas que no solo emergen, sino que se revelan. En ese paisaje íntimo y honesto, la músico chilena que tiene raíces ecuatorianas, Valentina Vela está dando un paso decisivo.
Próximamente lanzará su segundo EP
Aunque es el segundo en su carrera, luego del lanzamiento de “de(vela)ciones” en 2022, ella lo vive como un verdadero debut. No es solo una colección de canciones nuevas.
Es el inicio de una faceta artística distinta, más profunda y más consciente. “Es un EP muy íntimo, que refleja lo que significa para mí atravesar los 20’s”, explica.
En sus canciones hay una introspección clara sobre crecer, madurar y aprender a estar lejos de la familia. No es un retrato idealizado de la juventud. Es un registro honesto de lo que implica buscar identidad en medio de cambios constantes, despedidas y preguntas sin respuestas claras.
Una voz que se construye desde el escenario
El crecimiento de Valentina no ha sido silencioso. Ha ido tomando forma escenario tras escenario, luego de graduarse en Berklee College of Music en Boston. Tuvo la oportunidad de presentar sus canciones en Savage Labs, un bar reconocido en Miami por ser plataforma de artistas emergentes que hoy ocupan un lugar sólido en la industria.
Cada semana, músicos con propuestas potentes suben a ese escenario. Muchos de los nombres que hoy admiramos comenzaron allí. Para ella, sentir la energía del público y entender el poder de compartir música en un espacio donde los sueños se construyen semana a semana fue clave. Esa experiencia le dio confianza. Le confirmó que lo que escribe tiene peso y dirección.
En septiembre pasado también se presentó en Nómade, allí mismo en Miami. El formato es íntimo, sin amplificación, sin filtros. Es como cantar en la sala de tu casa, solo que la sala está llena de personas. Nómade se realiza en ciudades importantes como Miami, Barcelona y Buenos Aires, y ha sido cuna de artistas que luego han crecido en la escena internacional.
Para Valentina, fue una experiencia única, no solo por la cercanía con el público, sino porque pudo mostrarse tal como es.
Además, estuvo acompañada por el equipo de Warner Chappell con quienes trabaja. Verlos allí, apoyándola en un formato tan crudo y directo, marcó un momento importante en su camino. Fue una señal clara de respaldo y confianza en su visión artística.
Entre la sombra y la emoción
Vela se define como un enigma. Quienes la ven por primera vez no saben exactamente qué esperar. Su estética puede parecer oscura y misteriosa, pero cuando se sube al escenario, esa imagen convive con un mundo interior profundamente emocional y receptivo.
Habla de sí misma como una yuxtaposición entre la sombra y la sensibilidad, percibe lo que ocurre a su alrededor con intensidad, siente los ambientes, las emociones de otros, incluso el peso de las noticias.
Esa capacidad de empatía es también su herramienta creativa, le permite acceder a lugares honestos al momento de escribir y colaborar.
Como compositora, su sello es claro: transformar la vulnerabilidad en canciones directas. Prefiere lo real y lo crudo, mientras más honesto, mejor. Tiene una habilidad particular para generar espacios donde otros se sienten cómodos compartiendo sus historias. A partir de ahí, convierte experiencias personales en relatos que pueden ser colectivos. Es, ante todo, una storyteller.
Toma vivencias propias o ajenas y las convierte en canciones que permanecen.
Más allá de la inmediatez
En un contexto donde la música muchas veces se mide por su viralidad, Valentina apunta en otra dirección. Su búsqueda está más cerca del oficio tradicional de la canción, como músico. Del trabajo cuidadoso, de la conexión real. Quiere ser voz de quienes no siempre pueden expresarse.
Hablar de los desafíos de su generación: la distancia de quienes amamos, las pérdidas, la búsqueda de identidad y el intento constante por encontrar un lugar propio. Habiendo crecido en un ambiente multicultural, integra distintas referencias y perspectivas que enriquecen su sonido y su narrativa.
Este segundo EP marca una transición. No solo en lo sonoro, sino en la forma en que Valentina se posiciona como músico. Es el punto donde la joven compositora que empezaba a mostrarse se convierte en una creadora con identidad definida, el de una artista que finalmente se permite mostrarse sin máscaras, con todas sus sombras y toda su luz.
