¿Por qué no necesitamos la combustión del tabaco?

Por Eva Acosta

La combustión es el proceso de quemar y requiere de tres elementos: una fuente de combustible, como el tabaco; el oxígeno, que se encuentra en el aire; y el calor suficiente para poder activar la reacción.

En el caso de los cigarrillos, no hay suficiente oxígeno disponible para que ocurra una combustión completa, lo cual desencadena la producción de monóxido de carbono y más de 6 000 componentes, muchos de ellos hoy reconocidos como dañinos o potencialmente dañinos para la salud por las autoridades sanitarias.

A partir de las alertas y los estudios que revelan una relación entre la combustión de los cigarrillos y algunas enfermedades, millones de fumadores han tomado la mejor decisión posible: dejar el tabaco y la nicotina por completo.

Sin embargo, aún existen muchos adultos que, aunque no quieren seguir fumando, sí quieren continuar usando nicotina o productos de tabaco.

Tecnologías libres de humo

Estos adultos están buscando sabores, rituales y una ingesta de nicotina similar a la del cigarrillo, pero a través de tecnologías libres de humo que no involucren la combustión y a su vez, representen una reducción de riesgo y daño.

Efectivamente, este riesgo reducido se puede lograr al evitar la combustión por completo, llevando el tabaco a temperaturas controladas que lo calienten, liberando la nicotina, pero evitando los químicos que sí están presentes en el humo.

A la fecha, la evidencia científica ha demostrado que los sistemas de calentamiento de tabaco reducen, en promedio, el 95% de los componentes dañinos o potencialmente dañinos, en comparación con el humo del cigarrillo. 

Del mismo modo, al analizar el impacto de estos sistemas en la calidad el aire, se han realizado diferentes estudios con el aerosol que los mismos generan, en comparación con el humo del cigarrillo, en tres espacios: el interior de un hogar, la oficina y un restaurante.

Estos espacios son simulados en  laboratorios, teniendo en cuenta el número de personas que usualmente los transitan, así como la cantidad del aire que circula.

En efecto, los resultados demuestran que el uso de los sistemas de calentamiento de tabaco no afectaría negativamente la calidad del aire en interiores y no afecta negativamente a las personas que están expuestas pasivamente a la exposición del aerosol emitido por estos dispositivos.

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