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Familiares esperan un milagro, frente a escombros del hotel Royal

Familiares de las cuatro personas que se cree que ocupaban las instalaciones del hotel Royal, en el momento del terremoto, siguen esperando un milagro.

El Royal era un hotel de cinco pisos con piscina, pero desde que la tierra tembló el sábado quedó reducido a una cima de escombros, como casi todo en el balneario turístico de Pedernales, convertido en el epicentro de una tragedia que por ahora deja 413 muertos y más de 2.000 heridos.
 
Ya han pasado tres días desde entonces, pero familiares de las cuatro personas que se cree que ocupaban las instalaciones en ese momento siguen esperando un milagro. Según los protocolos internacionales, las primeras 72 horas para encontrar sobrevivientes son decisivas.

«Estamos desesperados, pero las esperanzas no se han perdido, hay señales de que entre los restos hay personas con vida», dice a la AFP Laura Taco frente al hotel Royal, en el malecón de Pedernales donde su cuñada y su sobrina quedaron sepultadas por el terremoto.
 
«No se han comunicado y tenemos la seguridad de que ellos están aquí porque el auto está atrás, en el parqueadero», dice Taco. A lo lejos, puede distinguirse todavía lo que era el área trasera del hotel, con el parqueo y la piscina permanecen intactos.

A su lado, su marido. Ambos montan guardia frente a lo que queda del hotel tras recorrer sin resultados una morgue improvisada en un estadio de fútbol, un sitio para atender heridos y varios albergues. «Hicimos verificación de cuerpos y no encontramos a nuestros familiares», señala Taco.
 
Después, recolectaron información en busca de indicios del paradero de sus familiares, y una empleada del hotel que sobrevivió al desastre les comentó que los había visto en la piscina poco antes del terremoto.

«Suponemos que salieron de la piscina, subieron a la habitación y ahí les cogió el terremoto, que -según nos indican- fue como que la tierra absorbió al hotel y se hundió», comenta Taco.

Los socorristas, entre los cuales hay 16 bomberos colombianos, trabajaron con un escáner detector de latidos de corazón, que en principio arrojaron señales de vida entre los desechos de columnas y placas de hierro y concreto.

El teniente Ricardo Méndez, comandante del equipo de bomberos, lo confirma: entre los restos del hotel, que colapsó por un apilamiento y que hizo un giro de 90 grados al precipitarse, se detectaron inicialmente señales de vida.
 
Dirigiendo excavadoras mecánicas, los socorristas colombianos lograron abrir un estrecho hueco por el que ingresaron rescatistas. Al grito pausado e insistente de «alguien me escucha, somos socorristas», los bomberos trataron de establecer si hay supervivientes.

Tras los fallidos intentos por hacer contacto, el controlado y lento retiro de desechos sigue más allá de la noche.

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