Tania Arévalo, la "estudiante 1000", entre la docencia y la jurisprudencia

Por ANDES

La cotidianidad con las tareas del hogar se alteró en los últimos días tras la felicitación pública del presidente Rafael Correa por ser la primera bachiller en conseguir la puntuación perfecta en la prueba para acceder a la universidad.

Desde el 2 de mayo, día en que el mandatario hizo el anuncio en su programa semanal de rendición de cuentas, se volvió parte de su rutina atender llamadas telefónicas, entrevistas y visitas de periodistas, camarógrafos, amigos, familiares y funcionarios de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), que la felicitan.

Su humilde vivienda, ubicada en un barrio populoso del norte de Machala, provincia de El Oro, es por estos días el centro de sencillos y emotivos homenajes de sus allegados.

“Es como un sueño, pero también lo tomo con mucha responsabilidad”, dice la joven de 24 años, quien en la sala de su casa en un predio que comparte con su madre, observa emocionada los reportajes que transmiten y publican los medios locales y nacionales sobre su ‘hazaña’.

Tania se observa a ella misma en una noticia que transmite la televisión local.

Pese a la algarabía que siente por la cosecha de su dedicación repasa los duros obstáculos que tuvo que sortear para llegar a este momento. Dice que la vida le puso pruebas mucho más difíciles y dolorosas que un examen escrito, pero las supo superar con dos fortalezas: optimismo y amor.

Cuenta que cuando tenía seis años tuvo que vivir la triste separación de sus padres. A su corta edad dejó a su familia, amigos y a su querida Machala para mudarse al cantón La Troncal, acompañando a su padre que trabajaba en la industria azucarera.

Pese a que allí permaneció por unos tres años, en su corazón sentía que debía regresar a su ciudad y así lo hizo. Un día se armó de valor y tomó el bus de retorno, no sin antes dejarle una carta de despedida a su padre, en la que le agradecía por sus cuidados y le ratificaba su amor incondicional.

Al llegar a Machala fue recibida por su familia materna que le brindó atención y cariño. Así transcurrió el tiempo hasta que el destino le puso otra prueba difícil: la partida de su madre, quien viajó a España en busca de días mejores para la familia.

Recuerda que en su mente no había espacio para la tristeza y continuó con optimismo sus años dorados de la adolescencia. Mientras cursaba sus estudios de educación básica en el colegio Machala el vacío dejado por la ausencia de sus padres fue llenado por Néstor Sarango, quien se convertiría luego en su esposo y compañero inseparable.

En 2004, a sus 15 años, tuvo que abandonar sus estudios del ciclo diversificado tras quedar embarazada. Fue en ese momento que decidió dedicarse de lleno al cuidado del niño que venía en camino y a su compañero de vida.

En 2004 Tania abandonó sus estudios secundarios por su embarazo. Ahora su hijo, Daddy tiene nueve años.

De ahí en adelante la vida no fue fácil, recuerda Tania. Entre limitaciones económicas supo sortear los días hasta que motivada por el apoyo su hermana Gabriela y un amigo, al que recuerda con mucho afecto, la convencieron para que se gradúe mediante la modalidad de bachillerato acelerado, que permite en un año obtener el título de educación media para quienes por dificultades no pudieron culminar sus estudios.

Así, en 2010 se inscribió en el colegio fiscal Atahualpa y al cabo de un año de ir cada sábado a las aulas y de tener como compañeros a personas mucho mayores que ella obtuvo su título de bachiller. En ese momento consideró que ya había cumplido y que era hora de trabajar para ayudar en la economía del hogar.

No obstante, nuevamente su hermana, a la que considera una adicta al estudio porque a sus 28 años cursa una maestría, la convenció para que no se estanque y siga una carrera universitaria.

Para ello debía rendir la prueba ENES, por lo que Tania –con el apoyo de amigos y de su hermana- se capacitó para en este 2015 rendir el examen, que entre otras cosas sirve para medir habilidades y destrezas de los bachilleres de cara a sus estudios universitarios.

Tania se preparó con dedicación para rendir el Examen Nacional de Educación Superior (ENES).

Motivada como siempre por los sentimientos de optimismo y amor, se dio a la tarea de conseguir folletos, libros, apuntes y otras publicaciones para revisarlas y repasarlas antes de la fecha de la prueba. La aspiración por darle un futuro mejor a su pequeño hijo Daddy se ha había convertido en su principal fuente de inspiración.

Y no perdió el entusiasmo a pesar de que se levantaba cada mañana a las 06:00 para llevar a la escuela a su hijo y no paraba hasta las 22:00 de realizar las tareas de la casa.

Luego de que todos se iban a la cama, prendía un madero de palo santo (una especie de incienso, popular en la costa ecuatoriana) para alejar a los zancudos que abundan en su barrio aquejado por la falta de alcantarillado y se acomodaba en su sofá donde revisaba todos los apuntes recolectados. Sus jornadas autodidactas no cesaban sino hasta las dos de la madrugada.

De esa manera pasó cerca de un mes hasta que finalmente llegó el 21 de marzo, el día de la esperada prueba. Esa mañana –recuerda- salió con lluvia de su casa y acompañada de su esposo llegó al colegio 9 de Octubre para rendir el examen de 120 preguntas. Cuenta que estuvo entre las últimas tres personas en terminar la prueba, pero estaba segura que había respondido adecuadamente, aunque reconoce que no esperaba la puntuación perfecta.

La machaleña, de 24 años, cuenta que su sueño es ser docente, aunque también le interesaría ser abogada.

Relata que no supo del resultado del examen hasta el sábado 2 de mayo cuando se encontraba desayunando en el restaurante de sus suegros. Hasta ese lugar llegó su tío Franklin Cobeñaz a felicitarla por haberse convertido en la primera bachiller en conseguir la puntuación máxima, noticia que la había escuchado de boca del propio presidente Rafael Correa, en su habitual enlace semanal de rendición de cuentas.

En un principio pensó que se trataba de una broma de su tío, pero luego comprobó en la página web de la Senescyt que efectivamente había sido la única entre más de 260.000 aspirantes de todo el país en obtener los 1.000 puntos.

“Me sentí y me siento emocionada que el presidente Correa me haya felicitado”, expresa Tania, al reconocer las oportunidades que brinda el gobierno nacional a los jóvenes para acceder a educación de excelencia en las mejores universidades del país y del mundo, algo que hace ocho años era impensable para los bachilleres provenientes de familias de bajos recursos.

Tania Arévalo está motivada porque se le han abierto muchas puertas gracias a su esfuerzo, ya que puede escoger una universidad de primer nivel dentro o fuera del país y porque cuenta con el apoyo del gobierno.

Por el momento tiene como primera opción estudiar una carrera vinculada a la docencia en una universidad de Quito, aunque también le llama la atención la jurisprudencia. Eso lo definirá en los próximos días, asegura, pues por el momento reconoce que le costaría mucho apartarse de su pequeño hijo y de su esposo.

“Yo sé lo que es vivir sin padres y eso no quiero que se repita con mi hijo”, alcanza a decir antes de hacer una pausa para contener la tristeza que le provoca los duros recuerdos de su infancia.

Mientras se preparaba para rendir su examen la joven seguía cuidando de su hijo y su hogar.

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