Dr. Álvaro Dávalos: "La demanda de camas en terapia intensiva se pudo evitar"

Por Andrea Martinez

El concepto sobre el manejo de la crisis que ha generado la COVID-19 en el país, debería replantearse. Así lo sostiene el Dr. Álvaro Dávalos, especialista en infectología, uno de los galenos que se encuentran trabajando en primera línea frente a la emergencia sanitaria.

"Yo quisiera que la gente vea lo que vivimos cada día en el hospital. Pacientes rogando por una cama, y nosotros con pena y desagrado no tenemos a dónde enviarlo. Cuando se consigue una cama para su atención, la gente nos agradece como si se hubiera hecho un milagro", indica el doctor Dávalos.

 

¿Cuál es el escenario actual frente al COVID-19?

La realidad es que todos tenemos derecho a la atención médica, pero cuando nosotros enfermemos no habrá una cama que nos reciba. Por eso, la población debe quedarse en la casa y cuidarse porque cuando necesite cama no va a haber.

Esta brutal masificación de demanda de camas se pudo haber evitado, conteniendo el brote con disciplina, manteniéndose en su casa, siguiendo reglas más estrictas como se han aplicado en otros países para quienes no cumplen con la restricción.

Como médico, me apena que mis sentimientos sean de frustración. Creo que aquí la gente se ha muerto sin tener por que morirse. Es mi apreciación. No se puede sobrellevar esta situación sin asumir un criterio científico, fundamentado en evidencia y experiencia que la medicina nos ofrece.

Los médicos somos humanos, no políticos, y es la esencia de nuestro trabajo, el contacto físico con nuestros pacientes.

Esta enfermedad está desubicada en la percepción de la sociedad. Tiene más éxito el asesinato, la corrupción, robos a locales, que la COVID-19. Estamos en un escenario que debe ser considerado como una tragedia humanitaria, no como un éxito político.

 

¿Cómo se debería replantear el manejo de la pandemia para que sea más efectivo? El brote continúa y el mensaje al parecer no resulta 

La esencia del manejo social de la pandemia tiene que ser acoplado a la realidad. Reconozco que somos un país que no tiene recursos y es capaz que nuestra tragedia sea esa. Pero en distintas provincias del Ecuador el modelo epidemiológico es diferente, y ahora en Quito ya sobrepasamos las estadísticas de Guayaquil.

Creo que antes que promocionar recursos al servicio de la medicina y enfermos, como nuevos hospitales, llegada de medicinas u otros implementos, los gobiernos debieron proporcionar este factor clave: que es la educación. Cada enfermo le cuesta al estado USD 1500 diarios en una cama de terapia intensiva, esos mismos recursos que significaban la alimentación de 10 familias que hubiesen podido continuar en el confinamiento para evitar la propagación.

Entonces, creo que hay que replantearse cuál es el concepto con el que se quiere manejar la pandemia en el país. Actualmente, no hay lógica, el mensaje de la prevención no se lleva de forma articulada.

 

¿Qué pasa con las vacunas?

Esto se analiza teniendo en cuenta cuál es la realidad política económica de estas grandes potencias que tienen la salud del mundo en sus manos.

Hay muchos laboratorios en varios países que están en la búsqueda. Quien tenga la primera vacuna será una empresa que no se dará abasto porque la población mundial es el objetivo. El aplicar dos dosis, es una cantidad enormemente atractiva al trasladarla al número de la población mundial que va a necesitarla (7.700 millones actualmente).

 

¿Cuál puede ser la más efectiva?

Creo que la vacuna que primero alcance el mercado no va a ser la mejor. Creo que la vacuna que se distribuya a todo el mundo será la óptima y eso implica que se realizarán varios estudios, investigación de efectos, vigilancia y monitoreo de efectividad.

Vacunas como la de fiebre amarilla surgió con una visión humanitaria, una de las más antiguas, más seguras. Otras vacunas han sido milagros científicos, gracias al trabajo mancomunado de la comunidad y se han distribuido a precio de costo a la población. En caso de la COVID-19, la tecnología ha demostrado ser incesante y generosa, pero sin el concepto humanitario de ayuda a la población mundial.

 

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