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¿El whisky salvó al panadero del Titanic?

¿Realmente fue el whisky lo que salvó a Joughin?

En la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, hace ya 104 años, se hundía en aguas del Atlántico Norte el RMS Titanic, el barco más legendario de la historia de la navegación. Según la historia, Charles Joughin sobrevivió al hundimiento gracias a la ingestión de una gran cantidad de alcohol, que habría actuado como anticongelante. 

La noche de la tragedia, tras enterarse de que el barco que viajaba rumbo a Nueva York había colisionado con un iceberg y se hundía, Joughin decidió permanecer a la espera de su destino en su camarote, aferrado a una botella de whisky. 

Siempre se ha contado que fue el alto nivel de alcohol en sangre lo que actuó como anticongelante en su organismo y le salvó de una muerte segura. Y esta versión es tan llamativa y curiosa que ha sobrevivido al paso de los años.

Pero ¿realmente fue el whisky lo que salvó a Joughin? Si lo hizo, no fue precisamente por la supuesta capacidad del alcohol para quitar el frío, ya que lo que provoca su consumo es una pérdida de nuestra temperatura corporal cuando nos exponemos a ambientes gélidos.

Porque el alcohol es un vasodilatador. Es decir, beber alcohol provoca que los vasos periféricos sanguíneos que se encuentran justo bajo nuestra piel se dilaten y, al dilatarse, circule más sangre por ellos, de manera que, como esta fluye caliente, los receptores térmicos informarán a nuestro cerebro de que estamos entrando en calor. En realidad no es más que una sensación subjetiva, una simple ilusión.

El alcohol no nos protege en absoluto del riesgo de hipotermia, sino al contrario: al circular una mayor cantidad de nuestra sangre por esos vasos sanguíneos más cercanos a la superficie –y, por tanto, al frío exterior–, estamos favoreciendo que esa sangre, que después recorrerá también nuestros órganos internos, se enfríe más rápido que si no hubiéramos tomado alcohol y eso propiciará una mayor pérdida general de calor corporal. De hecho, a una persona borracha que se encuentra a la intemperie lo que hay que hacer es abrigarla bien.

Por esta razón, hay quien cree que la embriaguez del jefe de panaderos no lo mantuvo a salvo porque le proporcionara el calor que su cuerpo necesitaba en aquellas aguas congeladas, sino porque le permitió no caer preso de la desesperación y, de esa manera, pudo actuar con una calma que lo ayudó finalmente a salvar su vida.

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