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El barrio de Ciudad de México donde aún se habla la lengua de los aztecas

Milpa Alta parece un pueblo de montaña y allí se produce el 90% del mole que se consume en Ciudad de México. Pero este lugar cubierto de bosques es parte de la capital mexicana. Y allí, parte de sus habitantes, se esfuerza por mantener vivo el náhuatl, la antigua lengua de los aztecas.

En la década de 1970, antes de que trabajadores colocaran el asfalto que terminaría siendo un camino de dos sentidos que une a la Ciudad de México con Milpa Alta -la más meridional de las 16 delegaciones de la urbe- la abuela de Javier Galicia-Silva tenía que caminar por los cerros en dirección a Xochimilco todos los días desde las 04:00 horas.

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De ahí tomaba una chalupa (un taxi acuático de gran tamaño) para ir por los antiguos canales que iban hacia el centro de la ciudad, donde se pasaba el día vendiendo productos frescos en el barrio de La Merced, cerca del Zócalo.

Con un poco de dinero y algunos suministros a su espalda, regresaba al pueblo cerca de las 20:00 horas, a tiempo para dormir y hacer de nuevo el mismo viaje de ida y vuelta de seis horas de duración al día siguiente.

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Y si bien los campesinos de Milpa Alta hoy hacen la ruta por carretera, llevando desde sus casas y sus huertos nopales, mole, miel y tortillas recién hechas para vender en mercados y en las esquinas de la ciudad, no es mucho lo que ha cambiado.

Otro mundo

Aunque lo que solía conocerse comolejanas tierras de cultivo y pueblos nahuas poco a poco ha ido cediendo ante el avance de la ciudad, Milpa Alta no podría ser más distinta que la contaminada urbe a la que pertenece formalmente y que domina desde su ubicación en la ladera de la montaña.

Raramente es visitada por otros residentes de Ciudad de México. Los turistas extranjeros son aún más inusuales. Y la gente de Milpa Alta vive, en muchos sentidos, como lo ha hecho durante cientos de años.

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