La firmeza con la que habla y la fortaleza que trasmiten sus ojos son muestra de que esa joven que llegó hace nueve meses a coronarse como la Reina de Guayaquil 2009, no solo ha pasado el tiempo de evento en evento, demostrando sus dotes de belleza o quedando como la imagen de proyectos creados por anónimos intelectuales.
Mariana Calderón, de 20 años, de tés blanca, cabello color castaño y de 1,75 m de estatura, actual reina del cantón, es la primera soberana de Guayaquil que acciona un poyecto de apoyo integral para los adultos mayores que están asilados, quienes -para su criterio- son rechazados por la sociedad comercial.
“Adopta un abuelito” es el programa con el que Mariana asegura que no solo dejará una corona, sino un gran legado.
Mariana ¿cómo nació en ti trabajar por los adultos?
Es un reto que desde antes de ser reina me lo planteé. Mi abuela sufre de alzheimer y a ella le afecta no poder recordar, pero sufre muchísimo más cuando se siente sola y olvidada.
Es decir, esa fue la razón de tu proyecto.
En gran parte, pero si observamos las estadísticas nacionales que detallan que el 70% de los adultos mayores no cuenta con un seguro de salud, 8 de cada 10 pierde la memoria y existe una posibilidad del 30% de que después de cumplir 80 años sean abandonados por sus familiares, se puede interpretar que la sociedad materialista de la actualidad trata al adulto mayor como un recipiente gastado de algún producto de consumo, al que se le acabó el tiempo de vida útil.
¿Cómo funciona ‘Adopta a un abuelito’?
El plan lo inicié en el colegio María Luisa Marillac con 80 alumnas, quienes adoptaron a las adultas mayores del asilo Bien Público, pero ya estoy haciendo los contactos para trabajar con la mayoría de colegios de Guayaquil. Por ejemplo, en el Bernardino Echeverría iniciaré el proyecto en dos semanas. Ahí se trabajará con el asilo Corazón de Jesús.
Mi meta, para comenzar, es lograr que mil adultos sean adoptados por los colegiales.
¿Cómo lograr que un joven simpatice con un adulto mayor que no es su familiar?
Demostrándole la realidad. Si somos indiferentes ante esta gran problemática, el abandono de ancianos, entonces carecemos de valores. Es todo un programa de valores el que junto a un equipo profesional inculco a los adolescentes.
¿Cuál es el trabajo de ellos?
Cada joven visita a su abuelito adoptado tres veces por semana, le llevan fotografías, dulces, le cuentan historias y cuentos… las chicas maquillan y peinan a sus abuelitos y, sobre todo, tratan de convertirse en una agradable compañía. El objetivo es que los ancianitos vean a los jóvenes como su familiar y viceversa.
Al final, ¿qué es lo que esperas lograr?
Sembrar una semilla por el cambio de la mentalidad de esta sociedad de consumo, que carece de solidaridad y respeto, donde predomina la idea: si no produces no vales. Y estoy comenzando por los mayores consumidores, los jóvenes.
EVA ACOSTA