¿Qué tienen en común el chocolate, el papel A4, las papas fritas, juguetes, jamón, frutas secas? Tal vez nada, dirás. Pero para los políticos israelitas de línea dura, todos esos objetos son potencialmente peligrosos para la seguridad de su país y, debido a ello, están prohibidos de ingresar a Gaza.
No todo está restringido, es cierto. Pueden entrar ciertos artículos como cartones de huevos, escobas, peinillas y otros objetos similares. Pero eso no es suficiente para los 1.5 millones de personas que viven en esa parte de Palestina.
En la Flotilla de la Libertad había 10.000 toneladas de ayuda humanitaria, que en estos momentos los palestinos necesitan con urgencia para sobrevivir a un bloqueo ilegal por parte de Israel que ha convertido a Gaza en una inmensa prisión al aire libre.
Un dogma errado
Aunque el ataque contra la flotilla, la semana pasada, fue algo tremendo, no me sorprende para nada.
Es solo otra muestra del dogma político que se está fermentando en Israel, donde sus líderes pasan por encima de las leyes internacionales y redibujan los acuerdos diplomáticos según su antojo.
Esta vía que están tomando los políticos israelitas es peligrosa para todos. Estas medidas radicales acaban con los palestinos y su derecho a una vida digna.
Atacando con violencia a una mayoría inocente solo por castigar a unos pocos culpables es “necesario”, según Israel.
Todo el mundo pierde
Lo más frustrante de esta forma de actuar por parte del gobierno israelí es que justifica sus acciones y acusa a todos sus críticos de ser antisemitas, sin aceptar que la causa del problema son sus políticas radicales. Y los grandes perdedores de todo esto son los habitantes de Gaza, 80% de los cuales viven por debajo de la línea de pobreza.
Israel también pierde: 30 países de la Organización de Naciones Unidas rechazan esta actitud que causa conmoción en la comunidad internacional. Otros que sienten las consecuencias de estas acciones son los políticos israelitas más moderados que están aislados en su intento por construir una paz auténtica y duradera.
Es un precio muy alto es que se está pagando por las políticas de línea dura que impulsa Israel y que lo único que logra es acentuar más la división y el odio en Medio Oriente.