Trabajar en los Premios de la Academia es diferente a trabajar en cualquier otro tipo de evento de Hollywood, porque por primera vez todos siguen el mismo código de vestimenta. Existe un traje negro de etiqueta que envuelve a todos, desde las estrellas de producción hasta los reporteros.
Mi noche del Oscar empezó al medio día, cuando dejé mi casa para ir al Teatro Kodak. Una hora después, estaba ubicado al final de la alfombra roja, debajo de un puente donde el equipo de E! News acechaba y justo antes de la marea de fotógrafos. Mi sitio, durante el aguacero de la tarde, fue una tienda donde la mitad de mi traje quedó húmedo y mi asiento inutilizable, pero igual no iba a estar sentado mucho tiempo.
De los nominados que se esperaba se lleven la estatuilla, solo se detuvo la estrella de “Precious”, Mo’nique. Mientras Jeff Bridges, Christoph Wlatz y Sandra Bullock hicieron paradas selectas antes de entrar al teatro. La comediante estaba más que feliz de hablar sobre la mujer que escogió para hacerle tributo con su traje.
“La razón por la que llevo un vestido azul marino es porque es el color que Hattie Mc Daniel usó en 1947 cuando ella ganó”, dijo.
La sala de entrevistas
Con el final de la alfombra roja, todo se volvió una loca carrera hasta la sala de entrevistas, acordonada por varios agentes de seguridad chequeando credenciales. La seguridad no se toma a la ligera en los Oscar, cualquier periodista que falsifique su credencial no podrá ingresar nunca más al evento.
Una vez en la sala, era el momento de esperar la entrega de los premios y que vengan los ganadores.
Afortunadamente, se retransmitía el show en todos los televisores de la sala y, además, estaban varios reporteros comparando notas a un ritmo impresionante.
Una vez en la sala, los ganadores tenían la oportunidad de deleitarse con su discurso. La atmósfera era relajada y de celebración. Jeff Bridges respondió a las entrevistas con su Oscar en una mano y una copa de champagne en la otra.
Para las 21h30, hora del Pacífico, los ganadores habían pasado todos a responder las preguntas, el servicio de catering se había ido y el reloj marcaba en un cuarto que estaba cerrado. Para la prensa era momento de ir a recorrer las fiestas del Oscar, archivar historias y guardar el esmoquin hasta el próximo año.